lunes, 24 de noviembre de 2014

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El parque dorado o blanco, rojo o verde: donde corren, pasean y dejan pasar el tiempo los que tienen mucho (son los fugitivos del parque, simples sombras que se deslizan veloces) o poco que hacer las (frustradas poetisas, las amas de casa desesperadas que han perdido el dinero de la comida en la lotto, los hombres tristes de pelo blanco sin nada entre las manos -ni un periódico viejo y amarillento que disimule su postración-, expulsados de los hoteles baratos del Lower hasta el mediodía, los mirones del día que languidecen al sol hasta la noche…)
En Nueva York el exilio dura un instante: aun con las maletas en la mano, al cabo de dos pasos sobre el empedrado de los años cuarenta la familia Hesse allega a la condición de emigrantes en busca de La Tierra Prometida. Tres pasos más y los orígenes son cuatro legajos sin importancia en el Nuevo Mundo y un álbum con las rancias fotografías familiares de unos antepasados muertos y difusos. Sin embargo, en ese crisol indefinible de todas las razas, también existen una clasificación animal más que social: a los neoyorquinos de una generación (irlandeses, polacos, armenios, alemanes, suecos, italianos, rusos, negros, portorriqueños, judíos, holandeses, mexicanos, chinos, turcos…) los Hesse se les antojan unos advenedizos de Manhattan o del barrio judío de Williamsburg al otro lado del puente.
Primero un aparato de radio RCA; luego, el coche familiar. En seguida un aparato de televisión de veintitantas pulgadas. Y habrá que empezar a aprender a cortar el césped…
Y algo más: Rosa Parks se niega a bajar del autobús
Los tiempos están cambiando.
Qué te parece.
Oh, qué bonito: las hermanas Andrews.
En este país tienes que bajar la vista para ver TV.
¡Qué Gran Melodía Americana! ¡Uaaaauuuuuuuuuuuuuu!
¡Mátese en un Chevrolet, el coche de los jóvenes!
Fortalezca sus arterias saciando su hambre (sea blanco o negro) en Kentucky Fried Chiken.
Fume Cherterfield: sus pulmones se lo agradecerán.
Technicolor: TELÉFONOS BLANCOS.
Ejércitos de muchachos negros comandados por la señorita Elizabeth Eckford invaden los institutos y se atrincheran libros en mano como armas arrojadizas entre los pupitres.
El arte… Dice su padre, y mueve la cabeza resignado… El arte del siglo XX, el tóxico, la ponzoña del espíritu.
Ella, la pequeña… (etcétera) se desconcierta ante la insolencia paterna.
Podría contestarle, si en lugar de hablar…
¿Pues no es arte todo lo que ve? En sus ojos está la magia. La técnica es el simulacro.
¿Quién es ese tipo?
La llave: un tal Beuys: Düsseldorf, 1965 (todavía habrá que esperar). Beuys: ¡su santa Croce! (Casi muere de éxtasis.)
El arte y la vida son inseparables (pero la vida de ellos: la realidad… ¡Es tan diferente!)
Esconderse era su juego preferido antes de la Era de los Saltos al Vacío.
Imaginaba el bosque más intrincado, mágico, de llamativas espesuras y de arbolado fantasmagórico bajo el cielo azul pálido surcado de nubes deshilachadas en franjas atravesadas de un dorado antiguo. Anegados por una luz de verde apagado y oro crepuscular los troncos y las ramas trabados en múltiples enredos parecen trazar un alfabeto retorcido, oscuro y, sin embargo, tan sugeridor de leyendas, arrebatos sublimes, amoríos y besos apasionados, muertes gloriosas. Años más tarde descubriría materializada, como atisbando por una grieta, esa otra realidad que se empeñaba en acompañar subrepticiamente la realidad exterior en su anodino discurrir, que avivaba algo ese amorfo y convencional escaparate de los días del presente infantil y eterno que aquella realidad oculta combatía a brazo partido: Atalante y Meleagro cazando el jabalí de Calidón. Era un cuadro de Rubens, el pintor que menos le gustaba de su época. Pero le hacía fantasear.
(Todo parecía ajustarse en el inmenso rompecabezas de piedra que ella iba armando laboriosamente: se acoplaban los centenares de fragmentos, emergía la gran figura poco a poco: sacrificio, heroísmo, la epopeya, los dibujos...)
De pequeña le encantaba hacer listas. Y de mayor. Hasta de las cosas más fútiles.
Addler.Behrman.Bellow.Berenson.Berkowitz.Bernstein.Brining.Butterweisaer.Cahan.Calis.Cohen.Cournos.Deutsch.Drachman.Feinstein.Ferber.Fineman.Frank……. Winslow.Wise.Yezierska.
La Alicia real que era ella miraba fijamente la imagen reflejada en el espejo durante interminables minutos hasta lograr abstraerse de lo que veía de tal modo que al final vaciaba su mente de cualquier definición o concepto: era su imagen pero ya no era ella. De adulta, invertía la conclusión: era ella pero ya no se reconocía en la imagen.
“Pues esta es toda mi teoría del arte”, se dijo. La clave, por así decirlo, que desentrañaba sus intenciones.
Ítem: Comprendió en seguida:
huye como de la peste de los lugares comunes,
del bodegón,
del retrato,
del paisaje,
de las marinas tumultuosas,
de las academias…
todo ese tratado aristotélico, el Topiká de las Artes (Bellas).
Modosita, alguna licencia rebelde, nada grave: no es ella, ni siquiera, como ese personajillo de la novela de William Faulkner que lleva muchas veces escapándose de casa pero siempre vuelve a la hora de las comidas.
Estoy sentada en la cima del mundo…
Y voy rodando
Voy rodando
Voy rodando…
No es una colegiala, pero se emociona: el mundo en colores. Como debe ser. La NBC lo mete en casa. Ahora la adolescente, sueña mejor. Compra las barras de carmín en una Five and Ten.
Le da un buen bocado al bagel (sin dejar de andar para ahorrar la ficha del metro): “Sobre blancos manteles de hilo, con cubiertos de plata, en vajillas inglesas, sorbiendo los mejores vinos en cristalerías Schott, he de comer acariciada por la luz de las arañas resplandecientes.”
1949: “Voy a patentar un color… Sólo para mis ojos… El color verdeagrisadoazulvioleta…”
“Magnífico.”
“Eso es lo que voy a hacer.
1960: Se patenta el IKB (International Klein Blue).
¿Qué hacemos con tu pelo? Su naturaleza y calidad permiten que pueda prestarse a cualquier ocurrencia estética.
Una cabellera puede esculpirse, adaptarse a la forma del pensamiento más aún que a la máscara del rostro.
¡Qué de horas frente al espejo! ¡Qué de personitas brotando de la luna del armario!
Eva con la melena lisa y la raya en medio, los grandes mechones frontales moldeados hacia dentro, el tono oscuro y brillante; Eva con el pelo largo al natural, de graciosos movimientos, de escaso corte de tijera; Eva con media melena y flequillo hasta las cejas; Eva con flequillo corto y recto, de corte geométrico; Eva de nuevo con la melena al viento, una larga cabellera de medido relieve que se enrosca en atractivas ondulaciones; Eva con el pelo corto, de flequillo alargado, peinado en bloque a un lado (el izquierdo); Eva con el pelo corto, de flequillo alargado, peinado en bloque a un lado (el derecho); Eva melancólica, la mirada dulce, recogida la suave cabellera en un moño bajo y trenzado, romántico; Eva al estilo pixie, con el frontal que casi tapa los ojos…
Quizás el sexo resolviera estas pausas temibles, este maldito mal olor:
“Por entonces una chica lista tenía en la mano pecadora el informe Kinsey y en la otra todavía más pecadora Human Sexual Response, de William Master y Virginia Johson.”
¿Sería bastante para excitarse?
Mientras tanto, se viste como La Perfecta Joven Americana: la ve venir hacia él a paso ligero, con la mirada azul oscuro casi negro de sus ojos al frente, esbozando una sonrisa de sorpresa: viste un jersey azul celeste con dibujos jacquard y una falda larga de pana verde botella.
Mientras tanto, ella a lo suyo (y eso que se halla asediada por ese tipo de damas que van y vienen hablando de Miguel Ángel…)
Mientras tanto la vida, las estaciones, la nieve, la lluvia, los árboles verdes, el aire marino del verano, la vida… (eso que
pasa…).
Y, ojo: cuidado con ese cuerpo judío, decente y sano, asediado por el donut y el chocolate y los cereales azucarados americanos, no lo cebes demasiado (deberían llevar una advertencia esos taimados envases y envoltorios de papeles brillantes como el pecado más tentador: BACK AWAY, FATTY).
“Hola, gorda”, te dice el espejo cada mañana. El vómito está bien, pero… ¿Qué tal si sólo hueles los alimentos? Que se sacie tu nariz, no tus muslos ni tus nalgas. Al paso de los años, las ocurrencias han de ser tan verdaderamente ingeniosas como el arte de su tiempo: gafas con lentes azules, lo que convierte la comida en poco apetecible; una docena de galletas  y seis litros de agua a sorbitos al día (receta mágica quitahambre); dieta respiracionista: se puede vivir del aire y el sol sin mayores alharacas; ni un solo puto carbohidrato en toda tu vida; dos inyecciones nutrientes diarias bastan para mantener las narices neutralizadas, la boca cerrada y la conciencia en paz en Puglia o en la pizzería de la calle Crosby; verduras y hortalizas rociadas con esprays con sabor a fuagrás, carne de vaca o spaghetti a la carbonara; cóctel de vitaminas por vía intravenosa, zumo de limón al mediodía y una manzana antes de meterse en la cama…                
A mediados de los 50 algunos millonarios compraban páginas enteras a modo de publicidad del New York Times para atacar a placer, indiscriminadamente, todo el arte moderno.
Esas eran las épocas.
En Yale: pero desarrolló un instinto especial para huir de los tipos trajeados en Brooks Brother con el pelo cortado a navaja (malas influencias, auténticos envenenadores de un talento, digamos, natural, sin mistificaciones aún).
 Papá: “Creyente o no creyente, eres judía, Evchen.”
(Podrías haberte llamado 174517 (ó 174516 ó 174518, y, ya en el futuro, asfixiada y muerta tú en el pasado, no habría pasado nada, todo hubiera seguido su cauce: tu obra habría acabado en manos de otro u otra.)
Quizás yo me haya equivocado (¿te la has creído alguna vez de carne y hueso?), y sólo sea una chica que trabaja.
(Mas no eres tú su verdugo, eres un simple actuario, peor aún, un iletrado mirón, no eres su verdugo alemán bien vestido con sombrero de copa y levita que le corta la cabeza.)
Bienvenida a la sangre.
Apuntaba alto: luchaba por codearse en el MOMA con Stella, Rauschenberg, Jasper Johns, Nevelson… Bienvenida a la guerra.
Sixteen Americans: de diciembre de 1959 a febrero de 1960.
A ver que me enseñan estos…
Cuando conoció a aquel hombre supo que iba a ser feliz, pero también que podría llegar a ser muy desgraciada.
Julio 61.
35 grados
Bad Boy. 14 con la Tercera.
En Mary’s.
El Gran Tipo: D.: en el segundo encuentro lo ve engullir una hamburguesa doble con queso y salsa barbacoa a la vez que picotea grandes tiras de patatas fritas crujientes (de sonido perfectamente audible en la misma acera desde donde lo ha descubierto al otro lado del ventanal), todo ello empujado hacia dentro mediante grandes tragos de espeso batido de vainilla.
Entra en el local con repugnancia.
“¿Qué deseas tomar?”
Aparta la vista de todo ese montón de grasa artificial y animal, de toda esa provisión nutritiva.
“Té frío, por favor.”
“¿Y tú quién eres, tío?”
Tu marido (durante unos pocos años).
Moleskine: agendas, grueso papel para dibujar acuarelas. (Pero tú escribes en cuadernos infantiles rayados de tapa dura, y tu escritura mancilla, y no celebra, y no…)
Enero-66:
todos los suicidas callan lo que saben
todos los suicidas dicen la verdad de una manera u otra.
No esconde que sus intenciones no son la de convertirse en una mujercita que hojea (ni siquiera lee) Ladie’s Home Journal mientras escucha las canciones melosas que a toda hora emite la radio como una gran baba, como una gran baba gigantesca e inconmensurable capaz de anegar la ciudad toda.
Sus miras van más alto.
“Enhorabuena, profesora.”
“Ahora, a buscar alumnos.”
“No será tarea fácil, si bien es cierto que existen muchos hijos de buena familia descarriados.”
En fin, en el año de tu licenciatura cualquier instituto (hasta en el mismo Bronx) tenía por 150 dólares semanales un profesor de arte a las puertas esperando una contratación, y puede que arrodillado, con los brazos en cruz y el diploma de la licenciatura  entre los dientes.
Picasso hace una cabra de cuatro trastos. Una figuración.
Es ingenioso pero… más le interesan a ella los cuatro trastos y poder magnificarlos en el espacio, unirlos por los hilos invisibles de un lenguaje aún por inventar.
En septiembre del 54 la gloria: Seventeen Magazine: “Me interesa el arte sólo como expresión de la vida, de la realidad y el movimiento…”
Ajá…
(qué pretenciosa).
Sus primeras declaraciones sino sulfúricas… de grave peligro.
Escribiré mi autobiografía: ni lenguaje oral ni escrito: soy pura materia, y perecedera, invoco a los objetos como a la palabra, objetos que también puede llevarse el viento. Hasta el olfato pongo en mi obra.
Lo primero: alejarse de todos esos universitarios que casi invisibles por la nube densa que engendran los mil cigarrillos en uno de los apestosos bares de moda del SoHo, te sueltan sin molestarse lo más mínimo en mirarte que “eso es una tontería tan grande que aunque tuviera boca no hablaría.”
Un Holden de ingenio menor: vete al infierno y no regreses, niño.
Prefería tocar la flauta de boj, perder al ajedrez en Washington Square, imaginar dinosaurios.
O prodigaba vistazos a aquellos artistas que se exhibían sin cortapisas en Park Place co-op Gallery (Pop y minimalistas).
¿Quería dibujar carteles?, ¿diseñar sillas, interiores, luces…?
Sale graduada de Yale en la primavera de 1959.
Durante semanas, camina muy erguida.
Pero, ¿dónde está el dinero?
Visible o invisible, está en todas partes.
En manos de los Ganz. Ya los atrapará a su debido tiempo.
Habrá que empezar por el principio.
A los trapos: diseña mantelerías, estampados imposibles.
¿Está usted interesada en la historia?
Todos los domingos por la noche mister Cronkite le descubrirá los grandes secretos y enigmas de la Historia Universal en su exitoso programa “You Are There”, donde se dramatizan los acontecimientos históricos más señalados desde la aparición del hombre y tú, precisamente tú, estás allí, entre el cartón piedra de la historia americana y la leyenda.
La Chica Solitaria del Domingo se compró a sí misma durante unas horas en un tenderete de Canal Street: rebuscaba y burlaba el tiempo, pero…: todo lo amontonado por unos pocos centavos lo tiraba al cubo de la basura del sótano, sin mirarlo apenas, cuando ya anochecía y el tórrido calor de julio empezaba a deshilacharse en una forma acuática que anegaba la charca del alma hasta hacerla saltar por sus bordes.
¿Qué nos está haciendo la propaganda política, la publicidad, los temores existenciales que nos inyectan desde las cavernas ideológicas al tiempo que animan nuestro afán consumista como si apenas nos quedara tiempo antes de morir mañana mismo?
¿Sabes tú, acaso, lo que estás haciendo, artista?
Echaba frecuentes vistazos (con los ojos cerrados) sobre sí misma, reflexionaba acerca de lo que hacía realmente y la supuesta importancia (debía aceptar esa pretensión, de lo contrario ella misma invalidaría enteramente su trabajo) que le otorgaba al llevarlo a cabo y sin embargo… se mantenía confundida en todo momento sobre cuál era su situación y sobre qué podía esperar de ello. No puedo ser escéptica, se dijo, pero tampoco víctima de mi trabajo ni aceptar ser objeto de la incredulidad de los otros, los testigos.
Al museo de Historia Natural. Sube al exterior desde el metro de la 81 con Central Park West: un aire rojo la sofoca entonces, el vértigo le hace tambalearse, cierra los ojos y la negrura parece aliviarle. Los abre de nuevo: la vida, la realidad, el movimiento (dejó grabado a fuego en Seventeen). No mucho más allá, Eldorado, desde cuya azotea mamá emprendió el vuelo al Paraíso.
Todo está bien. Todo es. Todo está mal.
“Sólo veo cine independiente”, zanjó de inmediato con una expresión de desdén.
Pero no siempre es así.
Alterna Mekas, de quien no deja de leer ninguna de las columnas que publica en el Village Voice, con Billy Wilder y Mankiewicz.
De haberlo sabido (nadie en el mundo lo sabía aún), en el 61 hubiera subido hasta el Village, empujaría la puerta del Wha? precisamente esa noche y escucharía a un tal Bob Dylan imitando al gran Woody Guthrie.
Primeros trabajos: destrucción compulsiva de los dibujos de joyería y los diseños para una fábrica textil (primavera del 60). ¡Bien hecho!
¡Borradores, borradores!
Al cesto de los papeles. Al cubo de la basura. A la trituradora.
Qué inexperta: hasta el traje sastre le cae mal.
Currículum vitae: escenarios y tropiezos.
“Mire usted…”, dice después de haberse aclarado la garganta.
“Es interesante lo que dice, pero…”
“De momento lo que más me preocupa es mi experiencia, no mis emolumentos…”
“Nos complace oír eso…”
Marzo del 60: comparte apartamento en el 82 de Jane Street/después, el 9 de la Tercera.
Febrero 61: se muda a un loft Park Avenue South con la 19.
1962: estudio 5ª avenida (acompañando a Tom Doyle, el tío bueno-de-polla-como-dios-manda-con-el-que-se-casó, y que por si fuera poco fuma en pipa además y es guapo y es artista y…).
1963: estudio en el Bowery. (134-135)
Pero dejemos esto… (¡datos!).
Abril, 1961, John Heller Gallery: anticipan los dibujos, las tintas y esas aguadas marrones, grises, negras, el estupor y la maldición de las letales sustancias de los años finales.
Premoniza las ópticas cortas que ha de emplear en sus últimas y aterradoras obras: todo de cerca, nada de lejos…
Prehistoria: no desdeñaba la apuesta.
Más adelante:
Un marido aseado (la medida exacta -el tío de la buena polla-, pero ante todo la estética, el número de oro, divina proportione: guapo, ojos claros que escrutan el horizonte, alto como el cielo, artista, perfecto, y fuma en pipa… y la polla –ya sabemos, seguro que portentosa- de buen americano bien cebado de cereales, chocolate y zumos milagrosos).
1961.:
Usted pone la chica. Nosotros ponemos la casa.
Por entonces, las calles 15 y 16 con la Quinta Avenida, el Village, Broadway, Washington Square, la 42, el MOMA, decoraban el fondo de dos jóvenes artistas recién casados. Luego, Alemania, la epifanía del regreso, la incertidumbre como mujer y artista (como mujerartista), el Bowery, Canal Street (donde se suministra el veneno fatal)…
Un gran desván como estudio. Los buenos lápices de colores, la tinta inmejorable y los caros papeles.
Podemos empezar.
Más que al arte prometido se entregan al ejercicio de amor, que es arte de encantamiento.
Entre beso y beso, meditan la obra del futuro.
Dos genios. Se miran uno a otro. Más aún: se contemplan. Son un lujo recíproco.
Todo para ellos. Y no era bastante: de ahí la escultura, las engañifas sentimentales del arte.
El mundo ante sí, ante estos dos prometeos: tiembla mundo, inmundo (Y que a esto llamen mundo…?)
En el 65 la epifanía: una Alemania temible después de todo, aunque reveladora.
Hesse vuelve a crecer con dolor.
En 1966: ha roto su matrimonio. Al diablo con todo eso.
El genio soy yo, se dice en plena Great Society.
Enero, 1966: “Vete al infierno”.
Esclava de nadie soy. Búscate otra cocinera, un chimpancé con faldas que te ría las gracias y consienta tu arrogancia.
Que te zurzan.
Pero dejemos esto… (Mental Cruelty... podría alegarse.)
Ni siquiera lo va a sustituir por un surfer de la costa oeste con el cerebro de un mosquito pero con una... Se basta a sí misma.
En efecto, 1961: más te hubiera valido casarte con Duchamp y sólo con él: en el MoMa, The art of assemblage.
Agosto, 1966: es otra. Es la que ya era.
Sólo hay que deleitarse contemplando la fotografía de Hujar, Group Picture: esa belleza felina, tan recostada, tan cerca del lecho del suelo, los muslos separados, la boca tan deseable… La bella judía por la que perderías el alma (esa charquita…)
El  más fuerte es el que está más solo.
Se crea un lenguaje: ¡A ver, con los idiolectos que circulan por ahí…! (Y se desayuna con crema de setas y pastel de piña.)
Tiene una obra que hacer. Tiene una idea. Tiene todo el tiempo del mundo. Y ella es inmortal. Manos a la obra. La Tierra en sus manos: su instrumento perfecto.
¿Materiales? Los de mi mundo. Todos… Incluso los que pueda inventar. Y aun otros de mundos imaginarios.

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