El parque
dorado o blanco, rojo o verde: donde corren, pasean y dejan pasar el tiempo los
que tienen mucho (son los fugitivos del parque, simples sombras que se deslizan
veloces) o poco que hacer las (frustradas poetisas, las amas de casa
desesperadas que han perdido el dinero de la comida en la lotto, los hombres tristes de pelo blanco sin nada entre las manos
-ni un periódico viejo y amarillento que disimule su postración-, expulsados de
los hoteles baratos del Lower hasta el mediodía, los mirones del día que
languidecen al sol hasta la noche…)
En Nueva
York el exilio dura un instante: aun con las maletas en la mano, al cabo de dos
pasos sobre el empedrado de los años cuarenta la familia Hesse allega a la
condición de emigrantes en busca de La Tierra Prometida. Tres pasos más y los
orígenes son cuatro legajos sin importancia en el Nuevo Mundo y un álbum con
las rancias fotografías familiares de unos antepasados muertos y difusos. Sin
embargo, en ese crisol indefinible de todas las razas, también existen una
clasificación animal más que social: a los neoyorquinos de una generación
(irlandeses, polacos, armenios, alemanes, suecos, italianos, rusos, negros,
portorriqueños, judíos, holandeses, mexicanos, chinos, turcos…) los Hesse se
les antojan unos advenedizos de Manhattan o del barrio judío de Williamsburg al
otro lado del puente.
Primero un
aparato de radio RCA; luego, el coche familiar. En seguida un aparato de
televisión de veintitantas pulgadas. Y habrá que empezar a aprender a cortar el
césped…
Y algo
más: Rosa Parks se niega a bajar del autobús
Los
tiempos están cambiando.
Qué te
parece.
Oh, qué
bonito: las hermanas Andrews.
En este
país tienes que bajar la vista para ver TV.
¡Qué Gran
Melodía Americana! ¡Uaaaauuuuuuuuuuuuuu!
¡Mátese en un Chevrolet, el coche de los jóvenes!
Fortalezca
sus arterias saciando su hambre (sea blanco o negro) en Kentucky Fried Chiken.
Fume Cherterfield: sus pulmones se lo
agradecerán.
Technicolor:
TELÉFONOS BLANCOS.
Ejércitos de muchachos negros comandados por la señorita
Elizabeth Eckford invaden los institutos y se atrincheran libros en mano como
armas arrojadizas entre los pupitres.
El arte…
Dice su padre, y mueve la cabeza resignado… El arte del siglo XX, el tóxico, la
ponzoña del espíritu.
Ella, la
pequeña… (etcétera) se desconcierta ante la insolencia paterna.
Podría
contestarle, si en lugar de hablar…
¿Pues no
es arte todo lo que ve? En sus ojos
está la magia. La técnica es el simulacro.
¿Quién es
ese tipo?
La llave:
un tal Beuys: Düsseldorf, 1965 (todavía habrá que esperar). Beuys: ¡su santa
Croce! (Casi muere de éxtasis.)
El arte y
la vida son inseparables (pero la vida de ellos:
la realidad… ¡Es tan diferente!)
Esconderse
era su juego preferido antes de la Era de los Saltos al Vacío.
Imaginaba
el bosque más intrincado, mágico, de llamativas espesuras y de arbolado
fantasmagórico bajo el cielo azul pálido surcado de nubes deshilachadas en
franjas atravesadas de un dorado antiguo. Anegados por una luz de verde apagado
y oro crepuscular los troncos y las ramas trabados en múltiples enredos parecen
trazar un alfabeto retorcido, oscuro y, sin embargo, tan sugeridor de leyendas,
arrebatos sublimes, amoríos y besos apasionados, muertes gloriosas. Años más
tarde descubriría materializada, como atisbando por una grieta, esa otra
realidad que se empeñaba en acompañar subrepticiamente la realidad exterior en
su anodino discurrir, que avivaba algo ese amorfo y convencional escaparate de
los días del presente infantil y eterno que aquella realidad oculta combatía a
brazo partido: Atalante y Meleagro
cazando el jabalí de Calidón. Era un cuadro de Rubens, el pintor que menos
le gustaba de su época. Pero le hacía fantasear.
(Todo
parecía ajustarse en el inmenso rompecabezas de piedra que ella iba armando
laboriosamente: se acoplaban los centenares de fragmentos, emergía la gran
figura poco a poco: sacrificio, heroísmo, la epopeya, los dibujos...)
De pequeña le encantaba hacer listas. Y de mayor. Hasta
de las cosas más fútiles.
Addler.Behrman.Bellow.Berenson.Berkowitz.Bernstein.Brining.Butterweisaer.Cahan.Calis.Cohen.Cournos.Deutsch.Drachman.Feinstein.Ferber.Fineman.Frank…….
Winslow.Wise.Yezierska.
La Alicia
real que era ella miraba fijamente la imagen reflejada en el espejo durante
interminables minutos hasta lograr abstraerse de lo que veía de tal modo que al
final vaciaba su mente de cualquier definición o concepto: era su imagen pero ya no era
ella. De adulta, invertía la conclusión: era ella pero ya no se reconocía en la imagen.
“Pues esta
es toda mi teoría del arte”, se dijo. La clave, por así decirlo, que
desentrañaba sus intenciones.
Ítem:
Comprendió en seguida:
huye como
de la peste de los lugares comunes,
del
bodegón,
del
retrato,
del
paisaje,
de las
marinas tumultuosas,
de las
academias…
todo ese
tratado aristotélico, el Topiká de las Artes (Bellas).
Modosita,
alguna licencia rebelde, nada grave: no es ella, ni siquiera, como ese
personajillo de la novela de William Faulkner que lleva muchas veces
escapándose de casa pero siempre vuelve a
la hora de las comidas.
Estoy sentada en la cima del mundo…
Y voy rodando
Voy rodando
Voy rodando…
No es una
colegiala, pero se emociona: el mundo en colores. Como debe ser. La NBC lo mete
en casa. Ahora la adolescente, sueña mejor. Compra las barras de carmín en una Five and Ten.
Le da un
buen bocado al bagel (sin dejar de andar para ahorrar la ficha del metro):
“Sobre blancos manteles de hilo, con cubiertos de plata, en vajillas inglesas,
sorbiendo los mejores vinos en cristalerías Schott, he de comer acariciada por
la luz de las arañas resplandecientes.”
1949: “Voy
a patentar un color… Sólo para mis ojos… El color verdeagrisadoazulvioleta…”
“Magnífico.”
“Eso es lo
que voy a hacer.
1960: Se
patenta el IKB (International Klein Blue).
¿Qué hacemos
con tu pelo? Su naturaleza y calidad permiten que pueda prestarse a cualquier
ocurrencia estética.
Una
cabellera puede esculpirse, adaptarse a la forma del pensamiento más aún que a
la máscara del rostro.
¡Qué de
horas frente al espejo! ¡Qué de personitas brotando de la luna del armario!
Eva con la
melena lisa y la raya en medio, los grandes mechones frontales moldeados hacia
dentro, el tono oscuro y brillante; Eva con el pelo largo al natural, de
graciosos movimientos, de escaso corte de tijera; Eva con media melena y
flequillo hasta las cejas; Eva con flequillo corto y recto, de corte
geométrico; Eva de nuevo con la melena al viento, una larga cabellera de medido
relieve que se enrosca en atractivas ondulaciones; Eva con el pelo corto, de
flequillo alargado, peinado en bloque a un lado (el izquierdo); Eva con el pelo
corto, de flequillo alargado, peinado en bloque a un lado (el derecho); Eva
melancólica, la mirada dulce, recogida la suave cabellera en un moño bajo y
trenzado, romántico; Eva al estilo pixie, con el frontal que casi tapa los
ojos…
Quizás el
sexo resolviera estas pausas temibles, este maldito mal olor:
“Por
entonces una chica lista tenía en la mano pecadora el informe Kinsey y en la
otra todavía más pecadora Human Sexual
Response, de William Master y Virginia Johson.”
¿Sería bastante para excitarse?
Mientras
tanto, se viste como La Perfecta Joven Americana: la ve venir hacia él a paso ligero, con la mirada azul oscuro casi
negro de sus ojos al frente, esbozando una sonrisa de sorpresa: viste un jersey
azul celeste con dibujos jacquard y una falda larga de pana verde botella.
Mientras
tanto, ella a lo suyo (y eso que se halla asediada por ese tipo de damas que van y vienen hablando de Miguel Ángel…)
Mientras
tanto la vida, las estaciones, la nieve, la lluvia, los árboles verdes, el aire
marino del verano, la vida… (eso que
pasa…).
Y, ojo:
cuidado con ese cuerpo judío, decente y sano, asediado por el donut y el
chocolate y los cereales azucarados americanos, no lo cebes demasiado (deberían
llevar una advertencia esos taimados envases y envoltorios de papeles
brillantes como el pecado más tentador: BACK AWAY,
FATTY).
“Hola,
gorda”, te dice el espejo cada mañana. El vómito está bien, pero… ¿Qué tal si
sólo hueles los alimentos? Que se sacie tu nariz, no tus muslos ni tus nalgas.
Al paso de los años, las ocurrencias han de ser tan verdaderamente ingeniosas
como el arte de su tiempo: gafas con lentes azules, lo que convierte la comida
en poco apetecible; una docena de galletas
y seis litros de agua a sorbitos al día (receta mágica quitahambre); dieta respiracionista: se
puede vivir del aire y el sol sin mayores alharacas; ni un solo puto
carbohidrato en toda tu vida; dos inyecciones nutrientes diarias bastan para
mantener las narices neutralizadas, la boca cerrada y la conciencia en paz en
Puglia o en la pizzería de la calle Crosby; verduras y hortalizas rociadas con
esprays con sabor a fuagrás, carne de vaca o spaghetti a la carbonara; cóctel
de vitaminas por vía intravenosa, zumo de limón al mediodía y una manzana antes
de meterse en la cama…
A mediados
de los 50 algunos millonarios compraban páginas enteras a modo de publicidad
del New York Times para atacar a
placer, indiscriminadamente, todo el arte moderno.
Esas eran
las épocas.
En Yale:
pero desarrolló un instinto especial para huir de los tipos trajeados en Brooks
Brother con el pelo cortado a navaja (malas influencias, auténticos
envenenadores de un talento, digamos, natural, sin mistificaciones aún).
Papá: “Creyente o no creyente, eres judía, Evchen.”
(Podrías
haberte llamado 174517 (ó 174516 ó 174518, y, ya en el futuro, asfixiada y
muerta tú en el pasado, no habría pasado nada, todo hubiera seguido su cauce: tu obra habría acabado en manos de otro u
otra.)
Quizás yo
me haya equivocado (¿te la has creído alguna vez de carne y hueso?), y sólo sea
una chica que trabaja.
(Mas no
eres tú su verdugo, eres un simple actuario, peor aún, un iletrado mirón, no
eres su verdugo alemán bien vestido con sombrero de copa y levita que le corta
la cabeza.)
Bienvenida
a la sangre.
Apuntaba
alto: luchaba por codearse en el MOMA con Stella, Rauschenberg, Jasper Johns, Nevelson… Bienvenida a
la guerra.
Sixteen Americans: de diciembre de 1959 a febrero de 1960.
A ver que
me enseñan estos…
Cuando
conoció a aquel hombre supo que iba a ser feliz, pero también que podría llegar
a ser muy desgraciada.
Julio 61.
35 grados
Bad Boy. 14 con
la Tercera.
En Mary’s.
El Gran
Tipo: D.: en el segundo encuentro lo ve engullir una hamburguesa doble con
queso y salsa barbacoa a la vez que picotea grandes tiras de patatas fritas
crujientes (de sonido perfectamente audible en la misma acera desde donde lo ha
descubierto al otro lado del ventanal), todo ello empujado hacia dentro
mediante grandes tragos de espeso batido de vainilla.
Entra en
el local con repugnancia.
“¿Qué
deseas tomar?”
Aparta la
vista de todo ese montón de grasa artificial y animal, de toda esa provisión
nutritiva.
“Té frío,
por favor.”
“¿Y tú
quién eres, tío?”
Tu marido
(durante unos pocos años).
Moleskine:
agendas, grueso papel para dibujar acuarelas. (Pero tú escribes en cuadernos
infantiles rayados de tapa dura, y tu escritura mancilla, y no celebra, y no…)
Enero-66:
todos los
suicidas callan lo que saben
todos los
suicidas dicen la verdad de una manera u otra.
No esconde
que sus intenciones no son la de convertirse en una mujercita que hojea (ni
siquiera lee) Ladie’s Home Journal
mientras escucha las canciones melosas que a toda hora emite la radio como una
gran baba, como una gran baba gigantesca e inconmensurable capaz de anegar la
ciudad toda.
Sus miras
van más alto.
“Enhorabuena,
profesora.”
“Ahora, a
buscar alumnos.”
“No será
tarea fácil, si bien es cierto que existen muchos hijos de buena familia descarriados.”
En fin, en
el año de tu licenciatura cualquier instituto (hasta en el mismo Bronx) tenía
por 150 dólares semanales un profesor de arte a las puertas esperando una
contratación, y puede que arrodillado, con los brazos en cruz y el diploma de
la licenciatura entre los dientes.
Picasso hace
una cabra de cuatro trastos. Una figuración.
Es
ingenioso pero… más le interesan a ella los cuatro trastos y poder
magnificarlos en el espacio, unirlos por los hilos invisibles de un lenguaje
aún por inventar.
En
septiembre del 54 la gloria: Seventeen Magazine:
“Me interesa el arte sólo como expresión de la vida, de la realidad y el
movimiento…”
Ajá…
(qué
pretenciosa).
Sus
primeras declaraciones sino sulfúricas… de grave peligro.
Escribiré
mi autobiografía: ni lenguaje oral ni escrito: soy pura materia, y perecedera,
invoco a los objetos como a la palabra, objetos que también puede llevarse el
viento. Hasta el olfato pongo en mi obra.
Lo
primero: alejarse de todos esos universitarios que casi invisibles por la nube
densa que engendran los mil cigarrillos en uno de los apestosos bares de moda
del SoHo, te sueltan sin molestarse lo más mínimo en mirarte que “eso es una
tontería tan grande que aunque tuviera boca no hablaría.”
Un Holden
de ingenio menor: vete al infierno y no regreses, niño.
Prefería
tocar la flauta de boj, perder al ajedrez en Washington Square, imaginar
dinosaurios.
O prodigaba vistazos a aquellos artistas que se
exhibían sin cortapisas en Park Place co-op Gallery (Pop y minimalistas).
¿Quería dibujar carteles?, ¿diseñar sillas,
interiores, luces…?
Sale graduada de Yale en la primavera de 1959.
Durante semanas, camina muy erguida.
Pero, ¿dónde está el dinero?
Visible o invisible, está en todas partes.
En manos de los Ganz. Ya los atrapará a su debido
tiempo.
Habrá
que empezar por el principio.
A los
trapos: diseña mantelerías, estampados imposibles.
¿Está
usted interesada en la historia?
Todos los
domingos por la noche mister Cronkite le descubrirá los grandes secretos y
enigmas de la Historia Universal en su exitoso programa “You Are There”, donde
se dramatizan los acontecimientos históricos más señalados desde la aparición
del hombre y tú, precisamente tú, estás
allí, entre el cartón piedra de la historia americana y la leyenda.
La Chica Solitaria del Domingo se compró a sí misma
durante unas horas en un tenderete de Canal Street: rebuscaba y burlaba el
tiempo, pero…: todo lo amontonado por unos pocos centavos lo tiraba al cubo de
la basura del sótano, sin mirarlo apenas, cuando ya anochecía y el tórrido
calor de julio empezaba a deshilacharse en una forma acuática que anegaba la
charca del alma hasta hacerla saltar por sus bordes.
¿Qué nos está haciendo la propaganda política, la
publicidad, los temores existenciales que nos inyectan desde las cavernas
ideológicas al tiempo que animan nuestro afán consumista como si apenas nos
quedara tiempo antes de morir mañana mismo?
¿Sabes tú, acaso, lo que estás haciendo, artista?
Echaba frecuentes vistazos (con los ojos cerrados)
sobre sí misma, reflexionaba acerca de lo que hacía realmente y la supuesta importancia (debía aceptar esa pretensión,
de lo contrario ella misma invalidaría enteramente su trabajo) que le otorgaba
al llevarlo a cabo y sin embargo… se mantenía confundida en todo momento sobre
cuál era su situación y sobre qué podía esperar de ello. No puedo ser
escéptica, se dijo, pero tampoco víctima de mi trabajo ni aceptar ser objeto de
la incredulidad de los otros, los
testigos.
Al museo de Historia Natural. Sube al exterior desde
el metro de la 81 con Central Park West: un aire rojo la sofoca entonces, el
vértigo le hace tambalearse, cierra los ojos y la negrura parece aliviarle. Los
abre de nuevo: la vida, la realidad, el
movimiento (dejó grabado a fuego en Seventeen).
No mucho más allá, Eldorado, desde cuya azotea mamá emprendió el vuelo al Paraíso.
Todo está bien. Todo es. Todo está mal.
“Sólo veo cine independiente”, zanjó de inmediato
con una expresión de desdén.
Pero no siempre es así.
Alterna Mekas, de quien no deja de leer ninguna de
las columnas que publica en el Village
Voice, con Billy Wilder y
Mankiewicz.
De haberlo sabido (nadie en el mundo lo sabía aún),
en el 61 hubiera subido hasta el Village, empujaría la puerta del Wha? precisamente esa noche y escucharía
a un tal Bob Dylan imitando al gran Woody Guthrie.
Primeros trabajos: destrucción compulsiva de los
dibujos de joyería y los diseños para una fábrica textil (primavera del 60).
¡Bien hecho!
¡Borradores, borradores!
Al cesto de los papeles. Al cubo de la basura. A la
trituradora.
Qué inexperta: hasta el traje sastre le cae mal.
Currículum
vitae: escenarios y tropiezos.
“Mire usted…”, dice después de haberse aclarado la
garganta.
“Es
interesante lo que dice, pero…”
“De
momento lo que más me preocupa es mi experiencia, no mis emolumentos…”
“Nos
complace oír eso…”
Marzo
del 60: comparte apartamento en el 82 de Jane Street/después, el 9 de la
Tercera.
Febrero 61: se muda a un loft Park Avenue South con
la 19.
1962: estudio 5ª avenida (acompañando a Tom Doyle,
el tío bueno-de-polla-como-dios-manda-con-el-que-se-casó, y que por si fuera
poco fuma en pipa además y es guapo y es artista y…).
1963: estudio en el Bowery. (134-135)
Pero
dejemos esto… (¡datos!).
Abril,
1961, John Heller Gallery: anticipan los dibujos, las tintas y esas aguadas
marrones, grises, negras, el estupor y la maldición de las letales sustancias
de los años finales.
Premoniza las ópticas
cortas que ha de emplear en sus últimas y aterradoras obras: todo de cerca,
nada de lejos…
Prehistoria: no desdeñaba la apuesta.
Más
adelante:
Un marido
aseado (la medida exacta -el tío de la buena polla-, pero ante todo la
estética, el número de oro, divina
proportione: guapo, ojos claros que escrutan el horizonte, alto como el
cielo, artista, perfecto, y fuma en pipa… y la polla –ya sabemos, seguro que
portentosa- de buen americano bien cebado de cereales, chocolate y zumos
milagrosos).
1961.:
Usted pone la chica. Nosotros ponemos la
casa.
Por entonces, las calles 15 y 16 con la Quinta Avenida,
el Village, Broadway, Washington Square, la 42, el MOMA, decoraban el fondo de
dos jóvenes artistas recién casados. Luego, Alemania, la epifanía del regreso,
la incertidumbre como mujer y artista (como mujerartista),
el Bowery, Canal Street (donde se suministra el veneno fatal)…
Un gran
desván como estudio. Los buenos lápices de colores, la tinta inmejorable y los
caros papeles.
Podemos
empezar.
Más que al
arte prometido se entregan al ejercicio de amor, que es arte de encantamiento.
Entre beso
y beso, meditan la obra del futuro.
Dos
genios. Se miran uno a otro. Más aún: se contemplan. Son un lujo recíproco.
Todo para
ellos. Y no era bastante: de ahí la escultura, las engañifas sentimentales del
arte.
El mundo
ante sí, ante estos dos prometeos: tiembla mundo, inmundo (Y que a esto llamen mundo…?)
En el 65
la epifanía: una Alemania temible después de todo, aunque reveladora.
Hesse
vuelve a crecer con dolor.
En 1966: ha roto su matrimonio. Al diablo con todo eso.
El genio
soy yo, se dice en plena Great Society.
Enero,
1966: “Vete al infierno”.
Esclava de nadie soy. Búscate otra cocinera, un chimpancé
con faldas que te ría las gracias y consienta tu arrogancia.
Que te
zurzan.
Pero
dejemos esto… (Mental Cruelty...
podría alegarse.)
Ni
siquiera lo va a sustituir por un surfer
de la costa oeste con el cerebro de un mosquito pero con una... Se basta a sí
misma.
En efecto,
1961: más te hubiera valido casarte con Duchamp y sólo con él: en el MoMa, The
art of assemblage.
Agosto,
1966: es otra. Es la que ya era.
Sólo hay
que deleitarse contemplando la fotografía de Hujar, Group Picture: esa belleza felina, tan recostada, tan cerca del
lecho del suelo, los muslos separados, la boca tan deseable… La bella judía por
la que perderías el alma (esa charquita…)
El más
fuerte es el que está más solo.
Se crea un
lenguaje: ¡A ver, con los idiolectos que circulan por ahí…! (Y se desayuna con
crema de setas y pastel de piña.)
Tiene una
obra que hacer. Tiene una idea. Tiene todo el tiempo del mundo. Y ella es
inmortal. Manos a la obra. La Tierra en sus manos: su instrumento perfecto.
¿Materiales?
Los de mi mundo. Todos… Incluso los que pueda inventar. Y aun otros de mundos
imaginarios.

No hay comentarios:
Publicar un comentario