Consideraciones sobre el espacio y el tiempo. Una divagación.
¡Cuántos
días han pasado leyendo y traspasando las fronteras de lo imposible años atrás!
Un martes
(día de brujas) empezaron el viaje montados en una escoba directos al cielo
negro más allá de las estrellas: es un hecho probado en la ciencia de nuestros
días que tanto el espacio como el tiempo se mueven, y la violencia que emplean
para ello es inimaginable, nada existe en la naturaleza terrestre comparable a
esa potencia inaudita. A partir de ese hecho tenemos que hablar de una nueva
estructura cuatridimensional unificada susceptible de introducir nuevas y
sugestivas teorías revolucionarias respecto al universo que conocemos. Por
desgracia, la física contemporánea no cesa de colocar barreras frente las
mentes más desbocadas. Sólo desoyendo las leyes inevitables de ésta podemos
liberar nuestra imaginación.
Pongamos
ante nosotros aquello que no está sujeto a ninguna ley.
Imaginemos
entonces.
Imaginemos
que…
Por lo
demás, respecto al origen de la creación y lo que se esconde al otro lado de la
muerte nadie sabe nada de nada. Toda filosofía es un abuso del lenguaje; toda
religión es un sistema económico; toda teología es ciencia-ficción (Borges dixit).
Borges era
un auténtico maestro de las conjeturas. De ahí la sabia ironía de sus textos.
Dudaba hasta del lenguaje, al que tuvo que “traducir” con humor. ¿Dónde está
ahora Borges?
Imaginemos,
concede.
En el
Reino de las Conjeturas, Alicia…
El espejo
hecho añicos.
Hesse lo
ha traspasado y, con una voz extrañamente infantil, ha sentenciado con
desparpajo que es una constructora de mundos.
-Está
decidido. Me vuelvo al pasado. La única forma de vencer al tumor de los
demonios.
Existen
las singularidades, las oscuras y complejísimas teorías físicas de última hora.
Ahí atrapados, todo revoca las leyes de la física que conocemos. No hay antes ni después.
¿Tres
dimensiones? ¿Cuatro? ¡Once!
Universos
gusanos. (Okey, me suelta en
neoyorquino.)
En efecto,
aún a pesar de sus misterios el universo conocido y las explicaciones que nos
ha deparado la física hasta el momento son demasiado básicos. No iba a ser todo
tan sencillo. Universo, galaxias, soles, planetas… Demasiado inocente. Hay más
perversidad en todo esto, mucho más cálculo y realidades inconcebibles para la
mente humana.
2010:
teoría de cuerdas, teoría de las membranas… Bien podría ser una de las
perversidades o trampantojos o pasos a ninguna parte o sólo palabras: una
retórica acerca de lo invisible o inexistente.
1970.
Están las cómicas o trágicas incongruencias del tiempo y el espacio que se
producirían en la eventualidad de viajar al pasado, está la posibilidad de un pentimento cósmico capaz de borrar los hechos sucedidos como una goma colegial
borra los garabatos en la página de un bloc infantil de páginas cuadriculadas.
-¿Qué agua
se bebe ahí?, ¿qué hierba se come?… ¿Qué tal el aire?
-¡De
colores!
-¡Y suena
música celestial! ¡Y por los verdes prados pacen las blancas ovejas de sedoso
vellón!
-¡Tu
sarcasmo es inofensivo! Estamos en otra dimensión, donde la encarnadura es
polvo, estiércol cósmico.
Se lo hace
notar con suavidad, pero con firmeza:
-¿Así de
fácil? Viajas al pasado, introduces elementos insospechados de contingencia:
hasta mi nacimiento puede ser imposible, puedes matar a tu propio padre antes
de haber nacido, cambiar el curso de la historia, neutralizar los resultados de
una apuesta al publicar los resultados previamente… ¿De qué manera resuelves
todas esas paradojas?
Las abolió
con presteza:
-Una vez
en el pasado nada puedo hacer por modificar el futuro que ha de sucederle, que es invariable, de la misma forma que
nada malo puede esperarse ya de él. ¿Sabes?, es un pasado que no concierne a lo
posterior.
-Vienes
del futuro, ya sabes lo que hay en él inmediatamente después del pasado en el
que te sumerges de nuevo, ¿y no puedes hacer ninguna travesura?.
-En ese
pasado ya no existe aquel futuro. En cierta medida, es como las limitaciones
que atenazan al tipo que verdaderamente posee el don de la premonición: puede
ver lo que ha pasado, no lo que va a pasar, así que no puede cambiar nada de nada, lo que debe
resultar bastante mortificante.
-Pero tú
juegas con ventaja en cualquier caso.
-No se
trata de eso. Ningún suceso puede pertenecer a la vez al pasado y al futuro.
Algo misterioso lo hace cambiante… ¡siendo el mismo! Además, no se alteran los
hechos, sólo se neutralizan, se sustituyen por otros más halagüeños en… ¡otro
universo! El que abandono se queda intacto: yo muero. Eso es todo. Me largo a
otro universo.
-De modo
que hablamos de misterios.
-No.
Hablamos de espacio-tiempo, una dualidad de la que todavía nada se conoce en
realidad pero de la que podemos intuir lo mágico y lo posible que han de brotar
de ella algún día.
-¡Y donde
existen el pasado y el futuro a la carta!
-Existen
los universos paralelos. Viajo al pasado, construyo otro universo. Miles de
millones de universos paralelos nos aguardan. Estoy en el pasado, soy yo, la
del presente, pero soy otro yo en otro lugar, sin dejar de ser la misma… en
¡otro universo! ¡No altero en absoluto el que he abandonado!
-¿No se
bebe en ese universo? ¿No se come? ¿Se envejece en ese universo? ¿Se muere en
él? ¿Se procrea? ¿Hay flores y gatitos? ¿Hadas y brujas, príncipes y capitanes,
dinerito contante y sonante?
-Naturalmente. Es un universo como otro cualquiera. Visto
uno, visto todos. Pero ahora ya me aguarda otro final… ¡que me apresuraré a
cambiar, naturalmente! La solución estriba en saltar de un universo a otro. Ser
más lista que el tiempo infame y destructor.
-¿Cómo
sabré que estoy en el otro universo?
-Al morir
en éste.
-¡Acabáramos,
la muerte es un puerta…!
-No
exactamente.
-Entonces
¿qué es?
-Una
especie de despertar… Sí, eso es. Siempre es lo mismo con la muerte, te
proyecta a universos simultáneos. Hay miles de millones de universos, como
existen miles de millones de realidades… ¡Las combinaciones son infinitas! Yo
me voy a plantear desde ahora mismo unos cientos de millones de ellas.
-Ya.
Piensa en esto, sólo como pura retórica: tengo 97 años, apenas puedo andar,
estoy ciego, sordo y empiezo a perder la chaveta, ni siquiera recuerdo mi
nombre, si soy hombre o mujer, sapo o
alondra, ¿para qué diablos quiero aterrizar en otro universo con semejante
estropicio de mierda a cuestas? ¿De qué me sirve iniciar una nueva vida? Y, en
especial, ¿por qué?
-Para todo
no tengo respuesta… Supongo que será algo selectivo, una realidad alternativa.
(¡Elige otra edad, imbécil! ¡Los noventa! ¡Será gilipollas! Elige los veinte,
por ejemplo, incluso puedes optar por la adolescencia sebácea.)
-Y, ahora,
esto otro: la intransigencia de unos dioses estúpidos condenan a muerte a un
bebé de tres meses y, encerrado en su cajita blanca de asas doradas, se eleva
desde la Tierra a los espacios celestiales… ¿Qué pasa con él? ¿Se desliza con
los ojos cerrados de un universo a otro berreando sin cesar y con los pañales
cagados, así miles de millones de años?
-¡Qué
reducción tan miserable de mi pensamiento! ¡Qué falta de imaginación!
-Y los
demás… ¿qué demonios pasa con los demás? Tu familia, tus amigos, yo mismo, tu
obra… ¡Ese gatito maullador de la postal de colores…!
-Nada.
Estáis conmigo en ese universo electo al que me trasladado… ¡Y también en el
otro, el que me ha matado con saña! ¡Os quedáis sin mí! Lloráis mi muerte, mi
absoluta desaparición. Pero no pasa nada. ¡Yo os traigo al mío, todo vuelve a
ser igual y no sois extraños para mí, iniciamos nuevos derroteros! Os llevo
constantemente en la mochila junto las horquillas del pelo.
-Ajá. Tú
nos llevas al otro universo en tu compañía, te creas otra biografía, nos creas
de nuevo… ¡Qué singular!
-En
efecto. Hablamos de singularidades. En un universo sin ley puede ocurrir
cualquier cosa.
-Es decir,
eres un dios. Creas y descreas…
-Hay una
especie de heurística… Exige práctica el asunto, no te creas.
-¡Tienes
todo el tiempo del mundo! ¡Y, además, lo dominas a tu antojo!
-Eso es. Pero
no, no un dios. ¡Soy una artista, merezco el libre albedrío de mi propia
existencia, de todo lo que me rodea y me pertenece o tenga conexión conmigo, y
lo quiero junto a mí allá donde vaya!
-… Y,
dime, ¿son réplicas perfectas? ¿Nos mejoras, acaso?
-En absoluto,
sois intocables. Nada de mejoras. No olvides que tú también sigues en aquel
mundo donde yo ya no existo.
-No sé si
me gustaría vivir en dos universos. Al final, acabas haciéndote un lío de mucho
cuidado: ¿blanco o negro?
-Uno no
logra saber nunca eso. Al abandonar un universo, ya no te enteras de lo que
queda detrás de ti. ¿No lo entiendes? Demoras eternamente la mortalidad, y sin
dejar de ser tú mismo en todo instante, te creas de nuevo, te renuevas, durante
millones y millones de años, pero ha de ocurrir siempre en el presente, sin
trampas. Así que, nada de blanco o negro como en el juego del ajedrez… ¡cómo si
sólo pudiera ganar uno la partida!
-Vaya. ¿Y
qué hay de la reencarnación?
-Eso son
pamplinas. Esa lotería cósmica me aterra. Imagínate si…
-Amanezco
pelota de golf…
-No sirve, es un objeto, algo inanimado… Encárnate en un
ser vivo.
-Bueno,
pues me convierto en un gusano del césped del campo de golf.
-Si tienes
conciencia de ti mismo, en todo instante y en cualquier universo serás esa
conciencia. Hombre o gusano.
-Por
supuesto, a cada uno le gusta ser lo que es, incluso cómo es. Eso no queremos
cambiarlo nunca. Sólo anhelamos modificar las circunstancias externas: el
dinero, el amor, la belleza…
-Por cada
individuo de nuestro planeta existen miles y miles de millones de universos de
los que se puede saltar de uno a otro, como si tal cosa…
-Como si
fuésemos saltamontes…
-Algo
parecido.
-¡Unos
bellos, ricos y sanos saltamontes!
-¡Hasta un
gusano!
En ese
punto estallan en una risa incontenible. Hasta las lágrimas.
Entra una
enfermera con una pequeña bandeja metálica en la mano. Permanece inmóvil bajo
el dintel de la puerta, atónita ante las risotadas. Les mira boquiabierta sin
decidirse a dar un paso adelante, a la mujer calva postrada en la cama y a él,
el tipo con barba de tres días, de pie e inútil, su indumentaria de pobre con
una shirt T, unos pantalones
desaliñados y un maldito libro en las manos en un idioma extranjero.

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