sábado, 29 de noviembre de 2014

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Consideraciones sobre el espacio y el tiempo. Una divagación.
¡Cuántos días han pasado leyendo y traspasando las fronteras de lo imposible años atrás!
Un martes (día de brujas) empezaron el viaje montados en una escoba directos al cielo negro más allá de las estrellas: es un hecho probado en la ciencia de nuestros días que tanto el espacio como el tiempo se mueven, y la violencia que emplean para ello es inimaginable, nada existe en la naturaleza terrestre comparable a esa potencia inaudita. A partir de ese hecho tenemos que hablar de una nueva estructura cuatridimensional unificada susceptible de introducir nuevas y sugestivas teorías revolucionarias respecto al universo que conocemos. Por desgracia, la física contemporánea no cesa de colocar barreras frente las mentes más desbocadas. Sólo desoyendo las leyes inevitables de ésta podemos liberar nuestra imaginación.
Pongamos ante nosotros aquello que no está sujeto a ninguna ley.
Imaginemos entonces.
Imaginemos que…
Por lo demás, respecto al origen de la creación y lo que se esconde al otro lado de la muerte nadie sabe nada de nada. Toda filosofía es un abuso del lenguaje; toda religión es un sistema económico; toda teología es ciencia-ficción (Borges dixit).
Borges era un auténtico maestro de las conjeturas. De ahí la sabia ironía de sus textos. Dudaba hasta del lenguaje, al que tuvo que “traducir” con humor. ¿Dónde está ahora Borges?
Imaginemos, concede.
En el Reino de las Conjeturas, Alicia…
El espejo hecho añicos.
Hesse lo ha traspasado y, con una voz extrañamente infantil, ha sentenciado con desparpajo que es una constructora de mundos.
-Está decidido. Me vuelvo al pasado. La única forma de vencer al tumor de los demonios.
Existen las singularidades, las oscuras y complejísimas teorías físicas de última hora. Ahí atrapados, todo revoca las leyes de la física que conocemos. No hay antes ni después.
¿Tres dimensiones? ¿Cuatro? ¡Once!
Universos gusanos. (Okey, me suelta en neoyorquino.)
En efecto, aún a pesar de sus misterios el universo conocido y las explicaciones que nos ha deparado la física hasta el momento son demasiado básicos. No iba a ser todo tan sencillo. Universo, galaxias, soles, planetas… Demasiado inocente. Hay más perversidad en todo esto, mucho más cálculo y realidades inconcebibles para la mente humana.
2010: teoría de cuerdas, teoría de las membranas… Bien podría ser una de las perversidades o trampantojos o pasos a ninguna parte o sólo palabras: una retórica acerca de lo invisible o inexistente.
1970. Están las cómicas o trágicas incongruencias del tiempo y el espacio que se producirían en la eventualidad de viajar al pasado, está la posibilidad de un pentimento cósmico capaz de borrar los hechos sucedidos como una goma colegial borra los garabatos en la página de un bloc infantil de páginas cuadriculadas.
-¿Qué agua se bebe ahí?, ¿qué hierba se come?… ¿Qué tal el aire?
-¡De colores!
-¡Y suena música celestial! ¡Y por los verdes prados pacen las blancas ovejas de sedoso vellón!
-¡Tu sarcasmo es inofensivo! Estamos en otra dimensión, donde la encarnadura es polvo, estiércol cósmico.
Se lo hace notar con suavidad, pero con firmeza:
-¿Así de fácil? Viajas al pasado, introduces elementos insospechados de contingencia: hasta mi nacimiento puede ser imposible, puedes matar a tu propio padre antes de haber nacido, cambiar el curso de la historia, neutralizar los resultados de una apuesta al publicar los resultados previamente… ¿De qué manera resuelves todas esas paradojas?
Las abolió con presteza:
-Una vez en el pasado nada puedo hacer por modificar el futuro que ha de sucederle, que es invariable, de la misma forma que nada malo puede esperarse ya de él. ¿Sabes?, es un pasado que no concierne a lo posterior.
-Vienes del futuro, ya sabes lo que hay en él inmediatamente después del pasado en el que te sumerges de nuevo, ¿y no puedes hacer ninguna travesura?.
-En ese pasado ya no existe aquel futuro. En cierta medida, es como las limitaciones que atenazan al tipo que verdaderamente posee el don de la premonición: puede ver lo que ha pasado, no lo que va a pasar, así que no puede cambiar nada de nada, lo que debe resultar bastante mortificante.
-Pero tú juegas con ventaja en cualquier caso.
-No se trata de eso. Ningún suceso puede pertenecer a la vez al pasado y al futuro. Algo misterioso lo hace cambiante… ¡siendo el mismo! Además, no se alteran los hechos, sólo se neutralizan, se sustituyen por otros más halagüeños en… ¡otro universo! El que abandono se queda intacto: yo muero. Eso es todo. Me largo a otro universo.
-De modo que hablamos de misterios.
-No. Hablamos de espacio-tiempo, una dualidad de la que todavía nada se conoce en realidad pero de la que podemos intuir lo mágico y lo posible que han de brotar de ella algún día.
-¡Y donde existen el pasado y el futuro a la carta!  
-Existen los universos paralelos. Viajo al pasado, construyo otro universo. Miles de millones de universos paralelos nos aguardan. Estoy en el pasado, soy yo, la del presente, pero soy otro yo en otro lugar, sin dejar de ser la misma… en ¡otro universo! ¡No altero en absoluto el que he abandonado!
-¿No se bebe en ese universo? ¿No se come? ¿Se envejece en ese universo? ¿Se muere en él? ¿Se procrea? ¿Hay flores y gatitos? ¿Hadas y brujas, príncipes y capitanes, dinerito contante y sonante?
-Naturalmente. Es un universo como otro cualquiera. Visto uno, visto todos. Pero ahora ya me aguarda otro final… ¡que me apresuraré a cambiar, naturalmente! La solución estriba en saltar de un universo a otro. Ser más lista que el tiempo infame y destructor.
-¿Cómo sabré que estoy en el otro universo?
-Al morir en éste.
-¡Acabáramos, la muerte es un puerta…!
-No exactamente.
-Entonces ¿qué es?
-Una especie de despertar… Sí, eso es. Siempre es lo mismo con la muerte, te proyecta a universos simultáneos. Hay miles de millones de universos, como existen miles de millones de realidades… ¡Las combinaciones son infinitas! Yo me voy a plantear desde ahora mismo unos cientos de millones de ellas.
-Ya. Piensa en esto, sólo como pura retórica: tengo 97 años, apenas puedo andar, estoy ciego, sordo y empiezo a perder la chaveta, ni siquiera recuerdo mi nombre, si soy hombre o  mujer, sapo o alondra, ¿para qué diablos quiero aterrizar en otro universo con semejante estropicio de mierda a cuestas? ¿De qué me sirve iniciar una nueva vida? Y, en especial, ¿por qué?
-Para todo no tengo respuesta… Supongo que será algo selectivo, una realidad alternativa. (¡Elige otra edad, imbécil! ¡Los noventa! ¡Será gilipollas! Elige los veinte, por ejemplo, incluso puedes optar por la adolescencia sebácea.)
-Y, ahora, esto otro: la intransigencia de unos dioses estúpidos condenan a muerte a un bebé de tres meses y, encerrado en su cajita blanca de asas doradas, se eleva desde la Tierra a los espacios celestiales… ¿Qué pasa con él? ¿Se desliza con los ojos cerrados de un universo a otro berreando sin cesar y con los pañales cagados, así miles de millones de años?
-¡Qué reducción tan miserable de mi pensamiento! ¡Qué falta de imaginación!
-Y los demás… ¿qué demonios pasa con los demás? Tu familia, tus amigos, yo mismo, tu obra… ¡Ese gatito maullador de la postal de colores…!
-Nada. Estáis conmigo en ese universo electo al que me trasladado… ¡Y también en el otro, el que me ha matado con saña! ¡Os quedáis sin mí! Lloráis mi muerte, mi absoluta desaparición. Pero no pasa nada. ¡Yo os traigo al mío, todo vuelve a ser igual y no sois extraños para mí, iniciamos nuevos derroteros! Os llevo constantemente en la mochila junto las horquillas del pelo.
-Ajá. Tú nos llevas al otro universo en tu compañía, te creas otra biografía, nos creas de nuevo… ¡Qué singular!
-En efecto. Hablamos de singularidades. En un universo sin ley puede ocurrir cualquier cosa.
-Es decir, eres un dios. Creas y descreas…
-Hay una especie de heurística… Exige práctica el asunto, no te creas.
-¡Tienes todo el tiempo del mundo! ¡Y, además, lo dominas a tu antojo!
-Eso es. Pero no, no un dios. ¡Soy una artista, merezco el libre albedrío de mi propia existencia, de todo lo que me rodea y me pertenece o tenga conexión conmigo, y lo quiero junto a mí allá donde vaya!
-… Y, dime, ¿son réplicas perfectas? ¿Nos mejoras, acaso?
-En absoluto, sois intocables. Nada de mejoras. No olvides que tú también sigues en aquel mundo donde yo ya no existo.
-No sé si me gustaría vivir en dos universos. Al final, acabas haciéndote un lío de mucho cuidado: ¿blanco o negro?
-Uno no logra saber nunca eso. Al abandonar un universo, ya no te enteras de lo que queda detrás de ti. ¿No lo entiendes? Demoras eternamente la mortalidad, y sin dejar de ser tú mismo en todo instante, te creas de nuevo, te renuevas, durante millones y millones de años, pero ha de ocurrir siempre en el presente, sin trampas. Así que, nada de blanco o negro como en el juego del ajedrez… ¡cómo si sólo pudiera ganar uno la partida!
-Vaya. ¿Y qué hay de la reencarnación?
-Eso son pamplinas. Esa lotería cósmica me aterra. Imagínate si…
-Amanezco pelota de golf…
-No sirve, es un objeto, algo inanimado… Encárnate en un ser vivo.
-Bueno, pues me convierto en un gusano del césped del campo de golf.
-Si tienes conciencia de ti mismo, en todo instante y en cualquier universo serás esa conciencia. Hombre o gusano.
-Por supuesto, a cada uno le gusta ser lo que es, incluso cómo es. Eso no queremos cambiarlo nunca. Sólo anhelamos modificar las circunstancias externas: el dinero, el amor, la belleza…
-Por cada individuo de nuestro planeta existen miles y miles de millones de universos de los que se puede saltar de uno a otro, como si tal cosa…
-Como si fuésemos saltamontes…
-Algo parecido.
-¡Unos bellos, ricos y sanos saltamontes!
-¡Hasta un gusano!
En ese punto estallan en una risa incontenible. Hasta las lágrimas.
Entra una enfermera con una pequeña bandeja metálica en la mano. Permanece inmóvil bajo el dintel de la puerta, atónita ante las risotadas. Les mira boquiabierta sin decidirse a dar un paso adelante, a la mujer calva postrada en la cama y a él, el tipo con barba de tres días, de pie e inútil, su indumentaria de pobre con una shirt T, unos pantalones desaliñados y un maldito libro en las manos en un idioma extranjero.

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